Romeo entró con cuidado en la capilla, las cruces de neón le sorprendieron tanto que casi olvidaba que estaba en un lugar sagrado. Tantas velas podían ocasionar un incendio, pensó mientras bajaba las escaleras, hasta que se dio cuenta que no eran más que luces artificiales; la ostentación de los Capuleto no tenía límites y aún así, ahí estaba él, listo para ver con sus propios ojos la terrible verdad... su amada Capuleto, su querida Julieta... ¿estaría ella reposando en aquel altar al final del pasillo? El corazón le latía con fuerza, sentía las manos tan húmedas y pegajosas que creyó que el arma se le resbalaría y en algún lugar de su corazón aún guardaba la esperanza de que todo aquello fuera una mentira. Caminó despacio escuchando el ruido que provocaban sus zapatos al rozar la alfombra.
Por fin llegó al altar y rodeada de flores, sobre lo que parecía una cama, halló a Julieta. Sintió una punzada en el corazón y su vista se nubló de pronto; apartó la vista sólo un instante para reclamar en silencio al cielo. Volvió a ver a Julieta, su piel blanca, sus cabellos castaños, sus mejillas ligeramente rojas y sus labios... todo era exactamente como él recordaba; como si ella siguiera viva... Romeo dejó la pistola sobre uno de los cojines que rodeaba a Julieta y, tembloroso, acarició el rostro de su amada: seguía suave y, si no se equivocaba, incluso algo tibio. Romeo la abrazó, algo le parecía extraño.
- Querida Julieta, ¿por qué sigues siendo tan bella?
Se separó un poco de ella y la miró de nuevo, moviendo la cabeza de un lado a otro como para alejar un pensamiento.
- He de pensar que la muerte se ha enamorado de ti y te guarda aquí para que seas su amante...
Romeo besó los labios de su esposa, y la idea que venía gestándose en su cabeza desde que la viera, cobró más fuerza. "No puede ser" se dijo a sí mismo mientras arrancaba de su cuello la cadena donde guardaba su anillo de bodas. La tomó de la mano y sintió la tibieza de su cuerpo mientras le ponía el anillo. A lo lejos escuchaba el golpeteó de los policías intentando abrir la puerta, pero poco le importaba, él había tomado una decisión. Abrazó de nuevo a Julieta mientras se repetía que todo era parte de su deseo por que ella estuviera viva.
- Aquí es donde voy a poner mi descanso eterno.
Sus lágrimas mojaron la cara de Julieta y provocaron un movimiento en la mano de Julieta que él no percibió.
- Y sacudiré el yugo de las estrellas enemigas de esta carne harta de este mundo.
Romeo se limpió las lágrimas de los ojos y miró a Julieta
- Ojos, miren por última vez, - la abrazó de nuevo - brazos, den un último abrazo. Labios que son puertas del aliento sellen con legítimo beso.
Romeo besó por última vez a Julieta y se levantó para buscar el veneno que había comprado antes de llegar ahí. Iba a morir ahí, junto a su amada Julieta, en ese mismo instante. Sacó el pequeño frasco y lo abrió. Le temblaba la mano, pero no era por temor, o eso era lo que él se decía. Un golpe fuerte vino de la puerta. Si no se apresuraba los policías le impedirían estar con Julieta en el otro mundo. Abrió el frasco y lo acercó a sus labios.
- Un trato perpetuo con la ávida muerte.
Una mano suave y tibia detuvo la suya en el momento exacto.
- Romeo...
Romeo derramó el contenido del frasco sobre el lecho de Julieta, su corazón latía a una velocidad desenfrenada. No podía creer lo que veían sus ojos. Julieta estaba viva, ¡viva! Y él había estado a punto de quitarse la vida.
- Romeo, mi dulce Romeo.
Sus delicadas manos acariciaron el rostro húmedo de Romeo, Julieta se acercó a él para besarlo tiernamente y él sintió que el mundo desaparecía, ya no había cruces de neón, ni velas artificiales y el olor a muerte de los crisantemos le parecía ahora el olor más maravilloso del mundo y los golpeteos que provenían del exterior, fuegos artificiales... Los golpeteos... ¡La policía! Romeo separó a Julieta de él y comenzó a pasear frente al altar.
- ¿Qué pasa Romeo?
- La policía. Me han seguido hasta acá.
Se escuchó el crujir de la puerta principal de la iglesia y Romeo corrió hasta la puerta de la capilla, observó cuidadosamente, aún no la habían abierto pero no tardaría en ceder. Sintió la mano se Julieta sobre su hombro y volteó a verla. Ella le guiñó un ojo y con la mano izquierda le pidió que la siguiera.
El silencio dentro de la iglesia era tal, que podían escuchar sus pisadas aunque iban caminado de puntas. Romeo siguió a Julieta hasta el otro extremo de la iglesia. El ruido en la puerta principal se hacía cada vez más fuerte, Un rechinido que resonó por todo el lugar les dio a entender que los policías habían logrado entrar a la iglesia. Entraron a un confesionario para esconderse, pensó él, pero era claro que Julieta tenía otras intenciones. Destellos rojos y azules les llegaban de la calle y haces de luz provenientes de linternas iluminaban el rostro de Julieta de cuando en cuando. Romeo estaba sudando y buscó la seguridad que le daba su pistola, pero no la llevaba en la sobaquera... Romeo cerró el puño y dio un golpe en la madera. Había molestia en los ojos de Julieta que buscaba algo en la oscuridad. Julieta puso el cañón de la pistola de Romeo sobre sus labios en señal de silencio y luego lo tomó de la mano.
Entraron en un túnel que los llevaría lejos de ahí, al menos lo suficiente como para perder a la policía.
- ¿Cómo sabías de este lugar?
Julieta lo miró con incredulidad y le dio la pistola.
- Mi familia mandó construir esta iglesia...
Los Capuleto y sus extravagancias, aunque esta vez los habían salvado. Eran rivales en los negocios, por muchos años se habían matado los unos a los otros pero él y Julieta y su amor harían que todo eso terminara. Volteó a ver de nuevo a Julieta, para admirar su belleza, su fragilidad, su inocencia... sólo para encontrarse con una mujer que no reconocía: Julieta había cambiado su ropa, ya no llevaba ese hermoso vestido blanco con el que la había visto en el altar, ahora llevaba un pantalón gris, una camisa blanca y las dos pistolas blancas que él había visto en manos de Teobaldo aquella terrible tarde en que Mercutio había muerto.
- Esa camisa floreada es algo fácil de detectar, - le dijo Julieta mientras le lanzaba un cambio de ropa - mejor quítatela.
Romeo se cambió de ropa a toda velocidad, sus manos seguían sudorosas mientras se preguntaba si estarían a salvo en ese lugar. Los vellos de los brazos se le erizaron mientras escuchaba ruidos en la lejanía. En cuanto terminó de vestirse, Julieta se acercó a él y lo besó con una violencia que no era propia de su dulce Julieta, con tanta pasión que de nuevo se olvidó de todo lo que le rodeaba, la iglesia, ese túnel, la policía; todo desapareció, incluso esa pequeña duda que le había asaltado cuando vio a Julieta con las pistolas de Teobaldo.
- Hace rato hablabas de un pacto con la muerte...
Los ojos de Julieta brillaban de una manera especial, de una manera que nunca había visto y Romeo de pronto empezó a preguntarse si conocía en algo a la mujer con la que se había casado. El sonido de un disparo resonó en sus oídos y un calor intenso le recorrió el torso de manera ascendente. Luego, el mismo dolor que sintió al creer muerta a Julieta le sacudió el corazón. Ella lo soltó, tenía una de las pistolas en la mano. Romeo tocó su costado, justo ahí donde sentía que algo caliente le humedecía la camisa, las manos le temblaban y apenas logró distinguir algo rojo en ellas cuando las miró. Julieta sonreía mientras guardaba la pistola en su funda...
- Nadie mata a un Capuleto y queda impune... Nadie...
Bueno... este es el primero de los retos semanales... espero les guste.